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lunes, 25 de abril de 2011

Yo entendido como símbolo/ Fundamentación de la subjetividad del símbolo

Andrés es el eterno símbolo. Es la inicial “a” en un huevillo de pascuas artesanal hecho por una de las mujeres que más repudia. Es distintos apodos como cabezón, cabe y demás. Es un conjunto de pesares que atocigan una conciencia agolpada por ideas, masoquistas, suicidas, en fin, generalmente depresivas. Es aquel muchacho sentado que apoya su pierna izquierda sobre la derecha y piensa en esto simbólicamente, sin saber que su acción en ese presente se transformaría en la imagen mental que permitiría a través de la tinta convertirla en símbolo. Es el hijo de Pablo y Cristina. Es el que nunca se cansará de asociar y representar, el que cuando levanta el brazo hacia arriba identifica un gesto de Hitler suscitando simultáneamente imágenes mentales. Es el que está mirando en este momento las agujas de su despertador azul y amarillo, pensando en una suerte de identificación; las agujas marcando un horario erróneo y el sujeto sintiendo que no encuentra un rumbo, que está por cualquier lado. Mira de nuevo el despertador y se da cuenta que son cinco horas de atraso; modifica el primer pensamiento de desamparo, por uno de temor al atraso. Empieza a  pensar en símbolo el número cinco y se da cuenta que cinco son los años de carrera que debe cursar; además el atraso se mostraba  en el reloj en el número ocho (en lugar del veinte) que en los brazos de Morfeo (horizontalmente) se convierte en infinito, el símbolo más bello para Andrés cuya marca lleva su piel y algunos de sus escritos. Es el que se obsesionó por el número treinta y tres luego de leer una parábola bíblica que así decía: “no erréis las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Luego sólo prestaba atención al número treinta y tres cuando miraba la hora y le parecía algo mágico o Divino; talvez pasaba por alto las demás horas (que parece ser la conclusión más sensata) o realmente el número treinta y tres se le imponía ante sus ojos con mucha frecuencia siendo algo Divino ¿quién sabe?. Lo cierto es que muchas veces al aparecérsele este número hacia la señal de la cruz como un voto de fe, otorgándole un significado Sagrado realmente importante. Es el que luego de imaginarse como un zurdo al apoyar la pierna izquierda sobre la derecha, se piensa como una persona de derecha al apoyar la otra pierna. Es el que vive cambiando las cosas de lugar y por eso no tiene uno, es el que va de casa a casa sin saber si llegó a casa. Es el que muchas veces en vez de decirle “pa” o “pelado” a su padre lo llamo Pablo, por que así se llama el hermano que ofició en su lugar muchos años. Es el que ahora piensa que talvez vive cambiando estructuras por otras, por que así le sucedió a él; desde un cambio abrupto de mudanza de país, hasta hartos cambios de domicilio. Es el que cree conveniente dejar de lado la tercera persona y escribir en primer persona, por que se le ocurrió una brevísima teoría sobre algunas cuestiones referidas a los símbolos; ¡es esto también!, categorización, significación, raciocinio e intuición.                                                                                                            

Dejando al margen los símbolos convencionales (las señales de tránsito, las banderas, carteles luminosos y demás) comienzo a desarrollar lo que probablemente resulte monótono  y ya sabido. Lo escribo por que asi apareció versos arriba de forma tan clara y ejemplificada que incluso a mi me sorprendió. Es que pude apreciar que la subjetividad en el momento de pensar en símbolos parece estar estar estrechamente ligada a la cuestión vivencial. Tomamos símbolos que tienen una historia, una historia compartida con el sujeto. De esto se infieren algunas cuestiones. En primer lugar toda la experiencia sensorial (que forma la historia del sujeto), paralelamente forma la del símbolo que el sujeto lleva en su interior. Como la experiencia sensorial no se acaba sino con la muerte, en vida el sujeto modificará y resignificará el símbolo, pero en su presente de representaciones simbólicas siempre podrá encontrar un rompecabezas de diferentes representaciones que armadas correctamente definen el ser del sujeto, su personalidad. La experiencia sensorial al ser compartida con otros sujetos cuyas experiencias sensoriales son diversas, produce un intercambio simbólico, por lo que nuestra conciencia está ocupada por representaciones de representaciones ad infinitum. Sabiendo esto podemos pensar dos cuestiones: que compartimos patrones representativos por el interaccionismo simbólico, pero el significado último es específico. Sería como decir: ellos me dan el símbolo yo lo desarrollo. Para el yo existe un ellos que comparte su estructura simbólica; cuando esta estructura simbólica recibida se condice con la personalidad del sujeto podemos decir que el símbolo está completamente desarrollado y es específico de ese sujeto. Como la experiencia sensorial de un sujeto siempre será diferente que la de todos los demás, y así también el interaccionismo, el símbolo es infinito, subjetivo y propio de cada persona (cuando desarrollado), aunque atravesado por un ellos de estructuras simbólicas que comparten sus representaciones.

1 comentario:

  1. Ves un símbolo en cada gesto, en cada radiación luminosa, en cada reflejo observable, te ves como símbolo en una cadena, en un sistema compuesto por símbolos, te sentís perdido, uno más de ese eslabón que surge en una divina secuencia de orgasmos, de materiales genéticos, de lugares y sentidos que se resuelven a dar lugar a un pelado que piensa lo que es un símbolo siendo uno, combina su teoría, su práctica, su intuición y no cree más que todo sea un mero símbolo multiplicado por él, desde su cuna, desde el orígen del sistema de símbolos que agobian al más mínimo participante de esa secuencia.

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