Pensamientos de Jonathan I
En este momento en el mundo hay muchos más locos que él dando vueltas por ahí. Los que siguen son algunos de los pensamientos de Jonathan, un crítico, hipócrita asumido, un escéptico que lee la Biblia. Cualquiera puede ser un psicópata, un homicida, un sufriente o un torturador. Cualquiera puede volverse cualquier cosa en un segundo. Cualquiera. Basta con darle al pequeño un poco de escenas de violencia diarias y humillaciones. También cánticos enfermizos en momentos de guerra en los que vuela la vajilla. El sueño se vuelve un mundo de monstruos deformes, de ruinas prehistóricas, de persecuciones parecidas a las pesadillas de los ex cocainómanos, de materia humana, animal y vegetal, de idea rumiante, de símbolos. La imagen de acuarela pintada empieza a perder el color y, mientras vemos como la tintura cae para abajo, una sonrisa maquiavélica se pierde en una boca extremadamente grande que se come al mundo y todo lo que él contiene. Pintaba ese cuadro pensando en todos los que andan por allí. Imaginaba formas de morir y sus pelos se erizaban. Ahogado, quemado,… no valía la pena seguir pensando cuando llegaban esos pensamientos. Entonces prendía la televisión. Noticieros anunciaban desapariciones de niñas, red de tratas, robo en motocicletas, incluso se dejaba entrever que era posible que el asesino de Nisman fuera un sicario enviado por la gran Dictadora. ¿Qué pensamientos podía tener ese hombre? Pensaba también en el gran continente olvidado: África. ¿Cómo era posible que la lacra humana deje morir a millones de personas sólo porque no podían sacar ningún provecho? Aquella voluntad última de la que hablaba Viktor Frankl no se veía aplicada en ese caso. Nadie daría un pan si luego tendría que comer un pan menos. Nadie daría nada si de un millón de panes tuviera que dar uno por nada. Ninguna república. ¿Personas buenas? Si se quiere ser positivo existían, pensaba. Los actos definen al sujeto. Pero es indudable que los actos altruistas son igualmente egoístas, el beneficio es el sentimiento de grandeza. ¿Pero que más daba? Si lo que se denomina “el bien” está hecho no interesa la naturaleza de su procedencia. Era un ferviente creyente de la Naturaleza y no del Bien y del Mal. Más bien creía ver algo bueno en la maldad ajena y algo malo en la bondad. Esa era la Naturaleza Humana. Estaba orientado hacia el Oriente. Unidad. Otras cosas que no entendía era como un propio compatriota puede denominar como “intocable” a otro, sólo por no pertenecer a una casta religiosa. Así acontecía en la India. Los dalits morían tomando agua con sal. Sus revoluciones siempre acababan por ser pacíficas ya que nadie quería ensuciarse tocándolos y ellos en señal de protesta ensuciaban la comida de los que nacieron del cuerpo de Púrusha. Giraban sobre los granos de arroz o lo que sea que se estuviese comiendo y todos se alejaban como si hubiesen visto al mismo Diablo. Y muchos otros pensamientos giraban en la cabeza de Johnny. Así vivía y moría todos los días, despierto soñando y soñando despierto.
En este momento en el mundo hay muchos más locos que él dando vueltas por ahí. Los que siguen son algunos de los pensamientos de Jonathan, un crítico, hipócrita asumido, un escéptico que lee la Biblia. Cualquiera puede ser un psicópata, un homicida, un sufriente o un torturador. Cualquiera puede volverse cualquier cosa en un segundo. Cualquiera. Basta con darle al pequeño un poco de escenas de violencia diarias y humillaciones. También cánticos enfermizos en momentos de guerra en los que vuela la vajilla. El sueño se vuelve un mundo de monstruos deformes, de ruinas prehistóricas, de persecuciones parecidas a las pesadillas de los ex cocainómanos, de materia humana, animal y vegetal, de idea rumiante, de símbolos. La imagen de acuarela pintada empieza a perder el color y, mientras vemos como la tintura cae para abajo, una sonrisa maquiavélica se pierde en una boca extremadamente grande que se come al mundo y todo lo que él contiene. Pintaba ese cuadro pensando en todos los que andan por allí. Imaginaba formas de morir y sus pelos se erizaban. Ahogado, quemado,… no valía la pena seguir pensando cuando llegaban esos pensamientos. Entonces prendía la televisión. Noticieros anunciaban desapariciones de niñas, red de tratas, robo en motocicletas, incluso se dejaba entrever que era posible que el asesino de Nisman fuera un sicario enviado por la gran Dictadora. ¿Qué pensamientos podía tener ese hombre? Pensaba también en el gran continente olvidado: África. ¿Cómo era posible que la lacra humana deje morir a millones de personas sólo porque no podían sacar ningún provecho? Aquella voluntad última de la que hablaba Viktor Frankl no se veía aplicada en ese caso. Nadie daría un pan si luego tendría que comer un pan menos. Nadie daría nada si de un millón de panes tuviera que dar uno por nada. Ninguna república. ¿Personas buenas? Si se quiere ser positivo existían, pensaba. Los actos definen al sujeto. Pero es indudable que los actos altruistas son igualmente egoístas, el beneficio es el sentimiento de grandeza. ¿Pero que más daba? Si lo que se denomina “el bien” está hecho no interesa la naturaleza de su procedencia. Era un ferviente creyente de la Naturaleza y no del Bien y del Mal. Más bien creía ver algo bueno en la maldad ajena y algo malo en la bondad. Esa era la Naturaleza Humana. Estaba orientado hacia el Oriente. Unidad. Otras cosas que no entendía era como un propio compatriota puede denominar como “intocable” a otro, sólo por no pertenecer a una casta religiosa. Así acontecía en la India. Los dalits morían tomando agua con sal. Sus revoluciones siempre acababan por ser pacíficas ya que nadie quería ensuciarse tocándolos y ellos en señal de protesta ensuciaban la comida de los que nacieron del cuerpo de Púrusha. Giraban sobre los granos de arroz o lo que sea que se estuviese comiendo y todos se alejaban como si hubiesen visto al mismo Diablo. Y muchos otros pensamientos giraban en la cabeza de Johnny. Así vivía y moría todos los días, despierto soñando y soñando despierto.