Golpea. Ladra. Salta en la puerta y grita pero nadie abre. Se cansa, pero vigente se encuentra siempre a la espera. Cuando alguien llega y abre el portal no sabe que hacer. Entrar o no entrar. A veces a falta de calor, salta desesperadamente sobre uno, y la lástima sobre el sensible pesa; pero el peso de la carga propia pesa más, por eso el portal se cierra. Es que no se puede mezclar. El que no tiene modales no puede habitar una casa ordenada y el que habita una casa ordenada la desordena con sus modales. La contradicción sobre el que ve al perro es cada vez mayor, no entiende el ojo tercero como se transforma el pesar del frío y la soledad de los días en un desesperado intento de amor. Un ir y venir constante y una falta de estabilidad agobiante, hacen que el perro de sentimientos bellos y naturales, transforme sus contradicciones en apatía y la misma destruye por dentro pero guarda los olores. Llegado a este punto el perro no quiere entras más en la casa, en realidad no sabe si quiere o no ¿o será que está cansado de sufrir? ¿Por qué será que en la vida, cada vez que se soluciona un problema otro mayor aparece? Esto es tan desesperante como la duda del perro; y no me canso de pensar en que gama de grises los problemas propios se encuentran y si pueden llegar a matices tan oscuros como los de las noches del perro. El perro se fue. Ahora ladra más que antes y parece ladrar de alegría y no de carencia. Siempre lo veo de aquí para allá y me causa gracia sus planificaciones de los días. Su hiperactividad, sus pasos y su mirada han cambiado. Su cara es más huesuda y flaca, ya que ahora no esta todo el día acostado. Es charlatán (a su manera) y conoce toda especie de su género, pero a pocos conoce como un hijo conoce a un padre. Y entre esos pocos estoy yo. El que muchas veces el portal cerró. Es que el perro no tenía cadena y se la pasaba revoloteando todo el tiempo… y yo soy un hombre de tiempos también. Algunas veces veo al perro y se encuentra entre la muchedumbre, riendo y gesticulando, moviéndose como hiperquinético, sin parar, parece muy bien acompañado pero no lo está. Donde abundan los ruidos y las bocinas, predominan más aún las soledades. ¿No ven como entienden los “neutros” el bienestar? Como la coreografía que impone la masa y, cuantos más pasos uno aprenda mejor se sentirá. Las carencias se manifiestan de diferentes formas en el perro y en mí, no se cual manifiesto es mejor, pero al menos se que nadie se puede librar de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario