El frío de la madrugada,
paraliza su insistente mano,
estúpida se vuelve la misma
y se esconde en el vacío bolsillo.
El papel y el verso;
el primero en la mesa,
lo segundo en la cabeza,
se translada hacia su mano.
La mano vuelve a temblar;
el papel paralizado,
espera el cálido trazo
de lápiz o de tinta.
Estúpida promesa de dos,
del verso y del papel,
el frío que siente aquél,
no permite relatarlo.
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