Ella estaba perdida. En un mundo de ideas parásitas y fantasmas transitorios. Deambulaba en sus sueños pálidos y veía el cielo cubierto. En su mejor postura femenina con el brillo del cabello resaltando sobre cualquier blanco horizonte, ella mostraba las mejores facetas de sus risas. Caminaba por la Avenida Santa Fe, llegaba hasta el hipódromo y se sentaba en el suelo a imaginarse los caballos desde afuera. Como disfrutaba imaginar; imaginaba tanto que la realidad se volvia idea, y la idea realidad. Ezquisofrenia decían que sufría.Ahora el blanco de la sala, iluminado por el blanco de la luz de hospital, sumado a su blanco color de piel, me muestra que ya no piensa tanto como antes. O que sueña mucho más, pero ni siquiera lo puede recordar... Por que la medicina le dice que se calle. Por que la atan con sus formas de medicina. Ella era muy suave. Ligera, en el buen sentido de la palabra. Era soñadora, en el buen sentido de la palabra. Ahora su nombre se convirtió en palabra prohibida.Y sus sueños, se vieron como malas palabras. Y yo soy este hombre que piensa esto y se preocupa por mí, por que él me quiere y yo lo quiero, y me está esperando en el pálido cielo, lejos de la blanca luz de hospital y del blanco color de mi cara. "Pero al final de cuentas cuando muera, todo será blanco", me dijo la muchacha desde la camilla.
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