¡Que día tan feliz!,
ya ha pasado un mes.
Ese agosto frio y gris,
termina, y empieza Andrés.
Se recuerda su nacimiento
en una especie de ambivalencia,
felicidad triste que por momento
encierra también demencia
En un estado de locura,
mi madre arroja una bota
que termina con mi mesura,
pesada como una roca.
Cargada de pena ardiente
de todo lo que vivís,
termina en mi frente
y me abre una cicatriz.
Hoy la veo en un espejo
encuentro su significado,
todavía queda un reflejo
de todo remoto pasado
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