Hijo del rigor;
de la exigencia y la pelea,
de haber sacado frutos,
ninguna duda queda.
Cansada cara blanca,
disfrazada de locura,
entendida de manía
o entendida de amargura.
Flaco, alto, bello,
inteligente, diplomático.
Oliendo los cabellos
de la madre; matemático.
Pesando en la balanza,
lo que pesa y lo que no,
inclinada a un costado
tal vez la vea yo.
Pues la misma diplomacia,
es mentira y burocracia,
como la carrera misma,
de abogado es falacia.
Aprendiste a no pensar,
en razones sin sentido,
que sentido absoluto
de tu vida, son motivo.
No existe lo Sagrado,
entre seres terrenales,
existimos entre iguales,
y vamos como ganado.
La enfermedad y la salud,
el vacío y la plenitud,
Jesús y Satanás;
unos menos, otros más.
Pero nadie está exento,
de tener un fuerte acento,
de ser igual violento,
por ausencia o a destiempo.
Y llegando ya este día,
veintidós años de vida,
es un ocho en Morfeo
tu mayor guía y trofeo
la que te vió nacer
en el día de la mujer.
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