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miércoles, 16 de mayo de 2012

Construyendo el camino (continuará)


Construyendo el camino vemos que no hay uno o muchos, cada uno de nosotros es el camino. No podemos elegir el correcto o el equivocado. Por que no esta afuera, está dentro nuestro, como dije, nosotros somos el camino. Equivocados o correctos no somos, ni buenos o malos, la construcción no es oposición, aúne todo lo que comúnmente denominamos como separado en la unidad. Es que en la construcción del camino debemos ver dualidades para considerarnos como la construcción más perfecta en algún sentido y al mismo tiempo sentir que lo que se nos critica en nuestra construcción es producto de algún ladrillo en mal estado, y por lo tanto, deberíamos cambiarlo. ¿Pero existe alguna construcción perfecta? No deberíamos perturbarnos demasiado por la construcción que otros tantos caminos pretenden superponer a la propia. En primera instancia desde una construcción se percibe un camino como tal y desde otra se percibe completamente diferente, y en segunda instancia no existe una construcción perfecta. Si se quiere trabajar en tal empresa, se despide uno de la autenticidad y la esencia del edificio para volcarse a la infelicidad. Debe uno, sin embargo, prestar atención a los diferentes caminos, por que en conjunto se nos presentan y es en este punto que contribuyen a la construcción del propio; por que se cruzan con el nuestro. Más no debe permitirse que uno se imponga sobre otro, que un camino se piense como mejor. Sobre las bases de su propio cimiento ningún edificio puede juzgar otro edificio. Es por esto que la defensa de la construcción propia supone también el reconocimiento de los diferentes caminos; por que uno puede reprender el ataque o el juicio en la medida en que adopta una postura pluralista y entiende la construcción como algo inabarcable, fuera del entendimiento y por lo tanto imposible de valorar en términos positivos o negativos. Pero la realidad, es que la construcción muchas veces quiere conformarse como un imperio: entiende que los ladrillos son fijos e inmutables o bien quiere avanzar sobre el camino de otro edificio, chocándolo, haciéndolo caer o sentir inferior. Los imperios nos demuestran que como avasallan terminan avasallándose a si mismos, por que todo imperio para conformarse como tal se construye sobre cimientos poco sólidos y una vez que un ladrillo se corre al menos un milímetro todos los demás pierden sus respectivas posiciones y caen sobre sí. Pero este tipo de imperio es diferente de aquél que sólo pretende ser una construcción fija e inmutable. En este último caso el imperio se forma como defensa del avasallamiento que se siente o bien la construcción del edificio encuentra motivos para erguirse sobre ladrillos grandes, que en muchos casos resisten el peso del tiempo en otros resultan ser en verdad ladrillos huecos que se hacen añicos.

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