con tu manto de brillantes
circulares luces, infinita la forma,
como infinito tu manto, que no sabemos
donde empieza y termina.
Dame inspiración temprana, desde tus colores
menos apagados, dame visión de claros,
o de lunas llenas y enamorados.
Recorro el horizonte de mi mirada,
buscando la calma y la poesía
en el silencio de la nocturna ciudad.
Admiro la deformación que nos das
con tus sombras, nos oscureces las caras,
y las medidas las transformas.
Nos ocultas de la luz,
que por cierto no es verdad,
la oscuridad es alma,
no hay belleza ni fealdad.
Alma de melancolias, de sentimientos
de memorias, de hostigamiento,
de cuentos deformados de recuentos,
en la memoria meláncolica de la noche.
Se gesta el hombre nuevo sin luz,
sin color, sin pelo, sin nada.
Se muere el hombre viejo a la luz
de candelabros y mirándose al espejo.
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