Escucha el ruido de los caballos afuera cada madrugada alrededor de las 4. Del caballo. Pero se impone. Parece más de uno. Es que el silencio en su forma, aumenta la medida de las cosas. De los ruidos, de los miedos, de las formas.Y él espera que el caballo resulte ser algo simbólico. No hay una sola madrugada que el orgulloso animal no encuentre alguien que lo maneje, -en su carreta- pero no en piso de tierra, si no de asfalto.Y no hay tampoco una sola noche que el bello silencio, no permita disfrutar el ruido.
Lo espera? Lo esperamos?
El silencio y yo lo escuchamos.
Pero el eco no se escucha, por el silencio determinante. Y la fragilidad del caballo y sus piernas, son oídas hasta las 4 y 5 segundos, después de ello el simbolismo, dura noches, para mi, no para el vagabundo.
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