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miércoles, 10 de abril de 2013

El modelo esperado: "El Superhombre Sujeto". El Hombre Crítico como modelo superador.


La diversidad. Gran palabra: diversidad. Tanto detrás de lo diferente, tanto miedo. El hombre se desvive por mostrarse en su cumbre intelectual, en su máxima fuerza física, en su encanto de seductor, en sus miles de historias repetidas. El hombre quiere emparentarse con los modelos de hombres y diferenciarse de la ralea. Conozco con mis veintiún años un sinfín de preconceptos que el hombre sencillo toma para aparentar, ante el ojo mediocre, el modelo de señor intelectual y/o serio. Muchachos de mi edad quieren actuar ante mis ojos su preocupación por la gente que pasa hambre en el norte sin haber salido jamás a compartir un desayuno con un indigente. 
¿Qué palabras tengo yo para aquellos que no pueden soportar la diversidad: musical, cultural, socioeconómica?
Seguramente se vestirán con sus trajes de Superhombres pero no se darán el gusto de reírse  de lo burdo y absurdo de un programa de chimentos (que tanto suma a la experiencia como un libro de Vasconcellos). No cantarán estos Superhombres cumbia villera, por que un modelo de hombre serio y/o inteligente no armoniza con eso. Tampoco gritarán en la calle de rabio o contento; son sólo una apariencia.
El verdadero Hombre reposa en infinidad de movimientos y pensamientos reprimidos; emerge el Superhombre afín con el funcionalismo capitalista y la sociedad. El ojo mediocre ama al Superhombre, un ser desprovisto de reales afectos espontáneos, apegado a formar de ser encasilladas en estructuras sociales ..., el ojo mediocre es el que ama al Sujeto, realmente.
Sujeto y Superhombre son sinónimos pensados o representados desde subjetividades distintas.
El hombre común aspira a ser Superhombre sin percatarse que es Sujeto.
La minoría pensante crítica, que entiende la riqueza en la diversidad y gusta de lo estructurado y desestructurado, siendo siempre lo que se es sin ropajes, aspira a seguir siendo lo que es tristemente consciente de la posición de Sujeto.
Algunos como yo ven en la escritura al verdadero SUPERHOMBRE, aquél que se reconoce como Sujeto en el papel. 
El encuentro con los pensamientos es una tarea pendiente de muchos; para el Superhombre la introspección y  la propia filosofía es reemplazada por citas de autoridad, por el pensamiento de otros. Viven la fantasía, estos Superhombres, de que valen lo que los conocen o aparentan. Triste, pero real. Nadie puede dudar del genio de muchos hombres de la historia pero el Hombre no puede volverse nombre.
Existen conocimientos básicos en extremos superadores de textos complejos que el Sujeto desconoce. El encuentro con la calle y su gente puede ser más útil que la lectura de la Divina Comedia. El Sujeto o el Superhombre, como quieran llamarlo, no encuentra sabíduría en la calle, en el indigente o en la cumbia villera. El que quiere ser Superhombre pero es un infeliz Sujeto no comprende la lógica que escapa a su forma de pensar; es básico como la unidad misma que él conforma. No escapa a sus preconceptos que utiliza rutinariamente para hablar de lo delicado y fino, de lo bueno y malo y de las antítesis y dualismos. 
La primer barrera que impide al Sujeto liberarse: pensar occidentalmente, en oposiciones, en dualismos.
Así el intelectual escucha rock británico o música clásica por que ve en ellos buen gusto, ya visto por otros, y pretende universalizar la noción de buen gusto, incluso impidiéndose disfrutar otras cosas por considerarlas repulsivas, aunque paradójicamente, le atraigan.
¿Por que el Superhombre o Sujeto debe vivir engañándose a sí mismo?
Una posible respuesta  reside en la falta de la propia filosofía, del conocimiento del Ser. Sería penoso ver al Superhombre desnudo de pensamientos. Veríamos como fabrica pensamientos carentes de lógica, en el plano de lo volitivo, que se vuelven lógicos a partir del momento que los estructura como si realmente los creyera. El pensamiento que debiera dejarse fluir como el río se ve trabado por formas de pensar que impiden pensar de manera que se entienda en la diversidad lo más rico del ser humano. Estas formas de pensar son impulsados por representaciones dualistas; aquellas que impiden ver lo bueno en lo malo, lo rico en lo pobre, lo complejo en lo rudimentario.

                                            

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