Me fuí en busca de alimento para los que estaban por nacer. Somos muchas familias en un tiempo donde la comida es difícil de conseguir. Muchas familias abarrotadas en el mismo ambiente, habíamos sido, pero muy dichosas. Recuerdo que el cansancio no era algo que nos afectara y la comida sobraba ¡y se sentía tan sabrosa! No era trabajo conseguirla y, luego con el estómago repleto, dormíamos todos juntos y felices. Ahora la situación es diferente, somos menos y menos dichosos y vivimos en un campo repleto de muertos que no tienen otro funeral que escape a nuestra barriga y al gusto de nuestro propio gusto. Algunos actúan como si estuvieran borrachos ..., es que cada vez restan menos cadáveres y, el aire pestilento de la muerte los ahoga; tal vez, sea solo cobardía. No quieren salir. Más muertos, menos familias, panzas vacías, aure de muerte, hambre y alucinaciones. Algunas veces llueve y la sensación del agua lejos de alegrarnos nos ahoga y nos hace sentir inútiles, confundidos ante la situación que vivimos. Pero yo no esperé otra señal, no esperé que salga el sol o lloviera para aventurarme en la carrera de la supervivencia por mí ante todo, y por los míos. Me alarmaban los que aún vivían para que no saliera, pero ya era tarde, no podía tolerar un segundo más el estado de sitio. Decían que podían matarme. Que podía morir por el gás o que podría sufrir las peores torturas imaginadas. Las últimas lluvias, cuando por fin salí, fue el adiós eterno para ellos; el agua bendita era ácida y sentí su olor y la pesadez que causó en mis compañeros hambrientos que se dejaron llevar por el olor azabache que acompañaba a la multitud putrefacta. Mareada, y ya afuera, vi el mundo oscurecerse de repente y pensé que era el apocalipsis, el término de mi vida, como el de todos los demás. La oscuridad se abalanzó sobre mí, y sin saber cómo escapé de ella y vi la luz cegante que entraba por una ventana y me invitaba a conocerla. Salté. Era mi fin también, lo sabía. Pero no lo fue. Increíblemente sobreviví a un salto que el más corajoso no se atrevería a realizar aún con paracaídas. Hoy soy feliz de nuevo, la sensación de asco y hambre fue reemplaza por buenos compañeros que sanaron mi espíritu y por buenas comidas que me revitalizaron.

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