de que muera tu madre
o la castigue tu padre.
A los ojos de la jaula no somos nada.
Se ríen las paredes ociosas;
se siente el hedor de las heces en tus intestinos.
El animal que observa te golpeará y
la puta se reirá de tu nerviosismo.
Miedo de aquél drogadicto en la esquina,
de aquél mulato pobre,
de aquél que quema el cable,
para vender el cobre.
Los fantasmas miserables
en los niños que alucinan.
Un pasado entre cartones,
en tolueno los fascina.
El neurótico es distinto.
Obsesivo, perseguido
paranoico, reprimido,
masa amorfa ¡Desvivido!
La avenida es el peligro,
si temés a la mirada soberbia,
de las vigilantes cámaras,
que juzgan toda materia.
Terminarás siendo uno más,
caminando o en la esquina.
Apurado los apuntarás,
mientras tomas paroxetina.
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