¿Super Hombre? Nunca dije serlo, ni lo soy, ni lo seré. Es cierto, para algunos puedo resultar agotador. Pensamientos repetitivos, circulares, perversamente masoquistas. Soy la idea de ese hombre o al menos guardo ese modelo en mi estructura mental, aunque nunca llegue a él, y sea el causante de mi duda, de mi miedo. De mi culpa. De mi replanteo. De no saber si lo que hice esta “bien” o “mal” y de pensar realmente el bien y el mal entrecomillado. Por que ser algo más de lo que uno es, es ser polos opuestos, es ser contradicción como también ser desconceptualizador, o conceptualizador sobre lo conceptualizado. Luego ves que soy un tanto más complejo que el común de la gente y por eso soy más complicado como especial. Esta es mi descripción, pero acepto la tuya de “pensante insulso” que se martiriza una y otra vez con su pensar; sería algo así como un pensamiento dogmático, religioso, obsesivo en pro de ese super hombre. Y religioso en el punto del castigo por no serlo; siempre me llega el pecado mental cuando la acción toma un camino diferente a las ideas. Esto nos hizo separar, entre otras cosas. Me gustabas inteligente (en un principio), pero, te quitaba lo que una mujer debe tener más acentuado por su propio rol terrenal: el afecto, el cuidado, el agarre, el cariño. No me resulta extraño esto, ya que tendrás menos desarrollada tu “madre” si tu pensamiento es más bien lógico. De todas formas, las charlas holgadas, de cuestiones filosóficas, de imposiciones, en fin de cuestiones con ideas encontradas, preferí tenerlas con dos personas. No digo que tu lógica no me pueda sorprender jamás en algún punto, pero no me sorprendería como tus amigos de colegio por un razonamiento que ya he tenido yo unas veinte veces. En este punto está el “ego” (entendiendo esta palabra en su uso vulgar) que siento; generado por los otros. ¿Ves mi ego? A mi no me puede sorprender prácticamente nadie, al menos con palabras. Y realmente ese era tu lado fuerte, tu lado lógico. No tenías el cariño y mi lógica era superior a la tuya. ¿Qué me quedaba? Mucho. La personalidad (que bastante tenía de lógica también), la belleza y principalmente los recuerdos. La belleza es efímera y además siempre la podré encontrar en otros brazos. La personalidad se vió cada vez más, y, la falta de sujeción por el vínculo es una consecuencia de ella. Como el desprendimiento, la falta de protección y el creciente orgullo. Hoy, veo también, la poca humildad al creerte “maestra de vida” escribiendo como debiera comportarse el otro para ser feliz y resaltando las miserias que lo atan (pensando que las conoce, hablando como oráculo para que tenga un futuro más claro). También señalas, remarcás, subrayás, lo contenta que estás por mí y que te perdone pero ya no me necesitás, no me querés. Parece más un pedido de cariño que una muestra de autosuficiencia, lamento informárselo a tu orgullo. Me hace acordar al orgullo púber o adolescente de los novios que terminan una relación y luego discuten quien fue el que la termino. Jamás caí a los pies de nadie pidiendo amor y en vos ni siquiera conseguí afecto, gracias igual por las explicaciones…¡Salvador estoy muy contenta por vos, pero realmente no me interesas más eh, disculpame pero es así! Así se resume un texto. Dice lo contrario de lo que escribe y además me pone en el papel del pobrecito que busca o buscó a la chica y la otra se dió cuenta que no lo quería. Pff. ¿Yo soy el superhombre? Otros cartas dicen abiertamente lo contrario. Incluso fui el muro, la respuesta a tus mentiras. Mala suerte que este muro sea una masa de ideas insulsas (risas internas). Probablemente seas vos más insulsa, por que descubriste más sabores en mí que yo en vos. Los recuerdos cada vez se van haciendo más lejanos y cercanos, paradójicamente, resultado de este intercambio de cartas. Podría ser perfectamente un buen amigo tuyo (creo que hasta muy bueno), pero jamás podría estar con una mujer que hasta compite conmigo en un juego de ping pong… y sufre por perder y se enoja.
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